Un mismo producto puede funcionar de forma completamente distinta según tu tipo de piel, así que conocer bien el tuyo es lo que te permite elegir los ingredientes y texturas adecuados. Una forma sencilla de comprobarlo: lávate la cara, no te apliques nada y espera de 20 a 30 minutos. Cómo se comporta tu piel durante ese tiempo es un indicador bastante fiable.
Piel seca
Suele sentirse tirante justo después de la limpieza, con descamación o líneas finas más marcadas de lo normal. Ingredientes como las ceramidas, el ácido hialurónico y el pantenol, que aportan tanto hidratación como lípidos, suelen funcionar bien. Opta por un limpiador suave en crema o leche en lugar de uno espumoso, y termina con una crema más rica en vez de una loción ligera.
Piel grasa
Tiende a volver a brillar poco después de la limpieza, a menudo con los poros visiblemente dilatados. Ingredientes como la niacinamida, el ácido salicílico (BHA) y el extracto de té verde ayudan a controlar el sebo y a cuidar los poros. Prefiere geles o lociones ligeras a cremas pesadas y ricas en aceites, y busca productos etiquetados como no comedogénicos.
Piel mixta
Es una mezcla de ambas: brillante en la zona T (frente, nariz) pero seca en las mejillas y la mandíbula. Aquí funciona bien el «multi-masking», es decir, usar productos distintos en cada zona: un producto base suave en todo el rostro, con uno que controle el sebo en la zona T y otro más hidratante en las mejillas.
Piel sensible
Si los productos nuevos te provocan a menudo rojez, escozor o picor, es señal de piel sensible. Suelen ayudar ingredientes calmantes probados como la centella asiática (cica), el pantenol y el aloe, y es más seguro evitar productos con perfume o alcohol. Haz una prueba de cualquier producto nuevo en la línea de la mandíbula o en la cara interna del brazo antes de aplicarlo en todo el rostro.
Piel con tendencia acneica
Si te salen granitos a menudo, ingredientes como el ácido salicílico (BHA), el árbol de té y el peróxido de benzoilo pueden ayudar. Eso sí, exfoliar o limpiar en exceso una piel con tendencia acneica puede, de hecho, provocar más producción de sebo, así que es importante equilibrar el tratamiento activo con hidratación y cuidados calmantes. Si los brotes son intensos o persistentes, vale la pena complementarlo con una visita al dermatólogo.
El tipo de piel puede cambiar con las estaciones
Es habitual que una misma persona tenga la piel más grasa en verano y más seca en invierno. Ajustar los productos según la estación, en lugar de mantener una misma rutina fija todo el año, suele ser lo más saludable.